El Búnker es un proyecto que me acompañó durante años como una idea latente, hasta que finalmente tomó forma tras el fin del confinamiento provocado por la pandemia de la COVID-19.
Mi estudio se encuentra en el de Poblenou de Barcelona y, justo debajo, se conserva uno de los muchos refugios antiaéreos construidos durante la Guerra Civil de 1936. Desde el momento en que supe de su existencia, ese espacio empezó a resonar en mi cabeza como un escenario cargado de memoria, simbolismo y posibilidades narrativas.
Cuando terminó el confinamiento, la normalidad todavía parecía lejana, especialmente en el ámbito profesional. El sector de la publicidad y la fotografía seguía prácticamente detenido y me encontraba en un momento de incertidumbre creativa. Soy una persona inquieta, con una necesidad constante de crear, y ya durante los días de encierro había desarrollado el proyecto 6,5 Mts, retratando a mis vecinos sin salir del edificio. Aun así, sentía la urgencia de iniciar un nuevo proyecto personal.
Un búnker es, por definición, un espacio de aislamiento: se pierde la noción del tiempo, se desconoce lo que ocurre en el exterior y uno debe adaptarse a un entorno cerrado y a una rutina impuesta. Encontré en esa experiencia un claro paralelismo con lo que habíamos vivido como sociedad. Por eso, los personajes que habitan El Búnker actúan con una aparente normalidad, como si su vida en ese encierro fuera cotidiana. Evidentemente, el proyecto se permite licencias artísticas y no pretende una recreación estrictamente realista.
El primer paso fue contactar con profesionales de distintas disciplinas —directores de arte, estilistas, maquilladores, videógrafos, atrezzistas, modelos y actores— que se encontraban en una situación similar a la mía. A todos les propuse lo mismo: interpretar una historia propia dentro del búnker. El espacio sería siempre el mismo, pero cambiarían los personajes, las atmósferas y las narrativas.
El reto era considerable. El refugio mide apenas tres metros de ancho por cinco de largo y poco más de dos metros de altura. Cada escena debía construirse cuidadosamente para que, a pesar de las limitaciones físicas, cada imagen resultara única y capaz de contar una historia por sí sola.
Desde un punto de vista técnico y artístico, el trabajo con la iluminación y la paleta cromática fue esencial. La luz debía ser narrativa, emocional, casi pictórica. Cada fotografía fue concebida como si se tratara de una pintura barroca: escenas detenidas en el tiempo, cargadas de tensión, intimidad y simbolismo.
Así nació El Búnker: como una reflexión visual sobre el encierro, la adaptación y la condición humana, utilizando un espacio histórico real para hablar de una experiencia colectiva reciente.
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Producción: Meri Tuñí
Asis. de foto: Alejandro Perales
Video: Nico Clausen
Art & Set: Paul Ekaitz
Art & Set: Olivia G. Vidal
Vestuario: Imma Rondan
Maquillaje: Yolanda Blasco
Modelo 1: Patricia M. Kaas
Modelo 2: Corentin Houn
Mi intención es poder continuar con el proyecto, seguir creando historias y trabajar junto a grandes profesionales.